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El otoño, asesinar por un helado y cuatro buenos libros

Terminó el verano. Tantos sueños, tantos planes, tanto deporte no hecho, tanto libro sin terminar.

No desesperes, el otoño es también una buena época para hacer planes…y para incumplirlos impunemente.

La vida- todos lo sabemos y más aún las empresas editoriales que viven de los fascículos y el coleccionismo barato - está hecha de promesas olvidadas, de álbumes de cromos sin completar, de barrigas que nunca paran de crecer, de un último e interminable cigarrillo.

Sí, la vida es una comedia de trágico final. La tuya, la mía, la de todos. Estamos en nuestro derecho de hacer con el otoño lo que queramos, hasta desperdiciarlo. Ahora bien, no permitas que ningún cretino lo desperdicie por ti, que te lo arruine por cabezonería, incapacidad o insensatez. Eso sí que no.

Anécdota veraniega. Me da vergüenza pero la cuento. Tras un mes de julio recorriendo buena parte de Centroamérica, vuelvo a casa. Preguntas reiteradas de toda la gente que me quiere bien: “¿Qué tal por allá? ¿Se puede viajar con tranquilidad? ¿Se nota la violencia? ¿Ningún problema?” Las respuestas: Bien; sí con ojo; un poco; ninguno.

Me junto con parte de mis amistades a comer una buena paella. El postre a la heladería artesanal más conocida del centro. Ana, Emilio, Mar, Carmen y yo miramos los diversos sabores con ansiedad y le damos vueltas a si grande o pequeño. La señorita que atiende me pregunta qué vamos a tomar. Y en el momento que empiezo a hablar un tipo de media estatura, mediana tripa, mediana edad y barba mediocre, pega un alarido y proclama a voz en grito que él estaba antes. Me giro, le pido disculpas a la vez que le ruego que no grite. Resultado: un “chorreo” de soeces insultos y amenazas de medio pelo. Respiro. Sigue. Quiero chillarle, pegarle, agredirle. Me contienen, me contengo. Se larga de la heladería y fin del episodio. Y me quedo mal, muy mal.

Acabo de volver feliz, relajado y en paz de una de las zonas supuestamente más violentas y peligrosas del mundo. Y (re)descubro el odio en una bola de helado de chocolate negro. No me fío de mí, no me fío de mis congéneres: hay muchas heladerías, demasiadas. Puedes reírte, pero no seas cruel por favor.

Un abrazo en nombre de todo el equipo de Cálamo. Paco

P.D. (He dejado los helados. Empachan)

Cuatro buenos libros que te recomendamos con pasión

Duelo. Eduardo Halfon. 13.95 euros Libros del Asteroide

Halfon tiene voz propia, tan diferente como adictiva. Todos sus libros son una original reflexión sobre la identidad y la memoria. De orígenes judíos centroeuropeos, nacido en Guatemala y con residencia en Nebraska: una mezcla explosiva.

La mirada de los pecesSergio del Molino.17.90 euros Penguin Random House

Partiendo del suicidio de Antonio Aramayona, el autor construye una novela “sobre la forma en que nos desclasamos y perdemos pie con el paisaje que crecimos”. Sergio del Molino es – y desde hace tiempo- un imprescindible del panorama literario en lengua española.

Mejor la ausencia. Edurne Portela 19.90 euros. Editorial Galaxia Gutenberg

La vida en un pueblo de la margen izquierda del Nervión durante los años 80 y 90. No pienses que habiendo leído Patria lo sabes todo sobre el tema. La novela de Edurne es apasionante, se lee de un tirón, no cansa. No te la pierdas por favor.

Tranvía 83. Fiston Mwanza Mujila. Traducción de Rubén Martín Giráldez. 18 euros. Pepitas editorial

"Tranvía 83" se desarrolla en un indeterminado país africano que vive, a la vez que una profunda recesión, una nueva fiebre del oro. La obra ha sido considerada como uno de los más brillantes fenómenos culturales en lengua francesa

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