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Zozobra, incertidumbre, inquietud…qué tabarra nos dan los medios de comunicación y algunos poderes públicos. Hay un insaciable empeño en explicarnos de manera continuada que “lo que tenemos”,  aun siendo poco y no muy bueno, es mucho mejor que lo que tendríamos si en este país no siguen mandando los que ahora mandan.

No es por dar mal, que uno es buena persona y no le gusta dar la nota, pero me pregunto dos cosas. La primera obvia:¿qué es “lo que tenemos”?  Y la segunda igual de obvia, perdón por la doble redundancia verbal: ¿y por qué no nos lo preguntamos?

Claro que hay muchas preguntas que hacerse. Una de ellas podría ser la razón de la incontinencia verbal de algunos nuevos políticos,  más temerosos de extirpar “el enemigo interior” que de atreverse a cambiar realmente las cosas. Pero ésta y otras me las haré más tarde, creo que urgen más las dos primeras.

Por razones que no detallaré pero que tienen que ver con la salud,  - todo bien, gracias- estos pasados días he podido leer intensamente a la vez que comprobar in situ la situación de una parte del sistema sanitario público español. Respecto a éste,  declaro mi admiración y respeto por la capacidad y actitud de los profesionales que la sostienen en las actuales condiciones, que son como las tormentas del estrecho de Magallanes: adversas y difíciles.

Déjame que te recomiende dos libros, dos pequeñas joyas: Las transiciones de Vicente Valero, y Muerte de un hombre feliz de Giorgio Fontana, el primero editado por Periférica y el segundo por Libros del Asteroide.

Vicente Valero escribe como los ángeles, pocos escritores como él en el actual panorama literario español. Su nueva obra narra la historia de unos jóvenes ibicencos que eran niños el día de la muerte de Franco. Retrato fascinante de la transición y de las muchas “transiciones” que a su alrededor se tejieron.

De Giorgio Fontana nada sabía. Muerte de un hombre feliz ganó el Premio Campiello, uno de los más prestigiosos de las letras italianas, un relato que se desarrolla en 1981, durante los denominados “años de plomo”. El protagonista, un fiscal católico que cree en la ley y en la bondad universal, se apodera de ti, se hace inolvidable. Hacía tiempo que no me encontraba con un personaje tan poderoso. Gran novela.