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De Mónika Zgustová y Antón Castro; de Anagrama y sus 50 años; del añorado Rafael Chirbes.

En esta ocasión empiezo anunciándote que el martes 1 de octubre a las 19.30 horas Mónika Zgustová presentará -acompañada por Antón Castro- su último libro, Un revólver para salir de noche. Como bien sabes Mónika ganó el Premio Cálamo Libro del Año 2017 por su obra Vestidas para un baile en la nieve, un extraordinario libro de memoria histórica que recoge vidas de mujeres que vivieron- y sobrevivieron- al gulag. Acércate, te encantará.

 

Como bien sabrás, Anagrama Editorial ha cumplido 50 años. Para celebrarlo ha lanzado al mercado la colección Compactos 50: cincuenta títulos seleccionados por libreros y editores, con portadas ilustradas por artistas reconocidos y con textos de recomendación tanto de libreros como de autores de la casa.

 Con orgullo- pero también con susto- recibí el encargo de escribir uno de esos textos, el que acompaña a la nueva edición de Crematorio, una de las obras magnas de Rafael Chirbes.

 

Como pequeño homenaje tanto a él como a Anagrama Editorial, me tomo la libertad de incluirlo en este mensaje, pidiéndote de manera encarecida que si no la has leído, lo hagas: agradecerás mi consejo.

 

“Seguramente Chirbes no quiso salvarnos de esa parte nuestra de maldad que tanto nos duele: ni era un ingenuo ni tenía alma de redentor. Pero si en el presente o en el futuro alguien quiere comprender lo que fue la España de finales del siglo XX y comienzos del XXI, deberá leer Crematorio, un extenuante y maravilloso torrente de personajes y temas que atrapa y zarandea sin piedad. Leerlo es reír y llorar, indignarse y conmoverse, porque su escritura –siempre en esa excepcional y canónica primera persona que manejaba como nadie– es lo más parecido a la revolución que tanto soñó y que nunca se cumplió. Nada queda impune o ignorado: la corrupción, las relaciones familiares, la especulación inmobiliaria, la gastronomía, el paisaje, el sexo, la emigración, la amistad, la enfermedad... No, Chirbes no quiso salvarnos, pero de alguna manera lo logró al escribir un clásico desolador, brillante y atemporal, una de esas raras obras que reclaman nuestra curiosidad y sensibilidad, a la vez que nos invitan a reflexionar y nos explican –aunque no queramos escucharlo– quiénes somos.

 Leer Crematorio –qué ironía, Rafael, no te rías– nos hace mejores. Gracias.”

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