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De ruido y abundantes morcillas; de los beneficios de estar callado.

Nos encanta el ruido. También nos gusta comer y beber de manera abundante.  Antes de entrar en un bar, echamos primero un vistazo a su interior para cerciorarnos de que está repleto de gente y de morcillas: si el camarero esta solo o poco acompañado nos vamos al siguiente, será por bares.


Detestamos el silencio, nos revienta estar callados, aunque no tengamos nada que decir. Somos amantes de los excesos, de pisar el acelerador a tope mientras hablamos-chillamos- por el móvil. Exportamos naranjas, automóviles con motor alemán, talento universitario y ruido, mucho ruido. Los extranjeros nos visitan por nuestras playas y nuestros baratos y ensordecedores placeres culinarios.


Nuestras televisiones están repletas de gritos y de presentadoras maquilladas y hombres del tiempo a los que la americana les queda estrecha. España es ruido, sí, pero también Francia, Austria o Gran Bretaña. Los hemos conquistado.


Por favor, que alguien se calle un rato. O que al menos deje de gritar. Qué estrés.

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