Cálamo: de intendencia familiar, mercados y –oh, terror- emigración. Y de la gala de los XXV Premios Cálamo. Y más…
Tengo un serio problema con la intendencia familiar, en especial con lo referido a la reposición de alimentos y productos de limpieza. Ya no tengo los consejos de mi amigo Jesús, hombre cabal e instruido que tras su jubilación elaboró una completa teoría del tema de manera empírica y científica. La pena es que Jesús se fue del mundo sin hacer demasiado ruido ni dejar por escrito todas sus investigaciones. Yo, que podría haber sido el continuador de sus trabajos y desvelos, me quedé huérfano y desvalido. Lo quería mucho, pero coño, eso no se hace.
Son muchas las preguntas. ¿Mercado tradicional, supermercado de proximidad o gran superficie? ¿Precio, cantidad o calidad? Por formación y temperamento, soy más de mercado. Disfruto acudiendo –cuándo me lo permite mi labor profesional- a primera hora de la mañana a la pescadería, cuando mi amigo Luis y sus colaboradores acaban de terminar de colocar el género a la venta. Qué espectáculo, qué maravilla entre las maravillas. Perfecta formación gastronómica. Ala izquierda: mejillones, almejas, calamares, gambas, ostras, buey de mar y marisco en general. Zona central: salmonetes, doradas, gallos de ración y de corte, bacalao, rodaballo, lenguados...Ala derecha: merluzas de buen tamaño, atún de almadraba, salmón, corvinas, etc.
Mis paseos continúan por la verdulería, la carnicería, la pollería y la charcutería. Y cuando utilizo la palaba "la" es literal: cada vez hay menos puestos. No hace muchos años, en la zona que vivo eran tres los mercados que convivían en buena armonía. Su existencia no solo era una garantía de accesibilidad a productos frescos, sino también una escuela cívica. Qué bonito era preguntar ¿quién es la última?, dar la vez y guardar la fila; tomarse un café en el pequeño y estrecho bar de uno de sus pasillos mientras charlabas con el verdulero y la vecina de la casa de al lado.
Con el cierre de los mercados no solo se pierden espacios públicos de convivencia, también oficios tradicionales. Nadie quiere levantarse de madrugada para ir al mercado de abastos; nadie mancharse las manos cortando un pollo, limpiando pescado o picando carne. Desde hace algún tiempo, cada vez más emigrantes ocupan esos despreciados –pero tan importantes- puestos de trabajo. En sus manos de todos los colores está la esperanza de continuidad de una forma de vida.
Se aproxima la celebración de la Gala de entrega de los XXV Premios Cálamo. Será el 27 de febrero a las 18.30 horas en la Fundación Caja Rural de Aragón (Coso, 29).
Nos vemos en Cálamo. Un abrazo. Paco Goyanes.
NUESTRO CLÁSICO " BONUS TRACK": 8 LIBROS, 8.
Koljós. Emmanuel Carrère. Traducción de Juan de Sola.
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Marcelino. Decires de un hombre. Bibiana Collado Cabrera.
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Pueblo blanco azul. Azahara Palomeque.
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La ciudad interior. Mauro Covacich. Traducción de Manuel Izquierdo.
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Punto de araña. Nerea Pallares.
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Triste no es la palabra exacta. Gabriel Abreu. Traducción de Antonio Jiménez Morato.
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Mutti. Féliz Ferández de Castro Krings. Ilustraciones de Toni Ricart, Baxter.
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El nombre en el muro. Hervé Le Tellier. Traducción de Pablo Martín Sánchez.
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