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De cómo intento relajarme y acabo con un yogur desnatado

 De cómo intento relajarme y acabo con un yogur desnatado; de Carlos Clavería y su millón de ejemplares vendidos; de por qué y cómo mandan los Estados Unidos; de Juan Antonio Tello y su poesía. Y nuestro “bonus track”: 3 libros, 3


Para relajarme de una intensa semana * el domingo fui al cine.


Antes de comenzar la proyección, los propietarios de la sala nos regalan una maravillosa y estruendosa demostración de lo que es el sonido Dolby Atmos, algo así como la caída del Imperio Romano de repente y en un minuto; se nos salía el corazón por la boca y tuve que recoger mis vísceras de la moqueta.

Mientras tanto, a mi derecha, un tipo de mediana edad se atizaba – también en Dolby Atmos- un cucurucho gigante de apestosas y ultra grasosas palomitas, pena de infarto súbito; a la izquierda del amor de mi vida, una señora de setenta años consultaba su teléfono móvil, un cacharro enorme dotado de una iluminación tan poderosa que la gente lo confundía con la pantalla.

Y los agobios del protagonista de 1917 **, dos horas corriendo sin parar entre cañonazos, morterazos y tiros del más diverso calibre, que los alemanes de la primera guerra mundial habían aprendido a manejar la escopeta en una caseta de feria, que no acertaban ni de casualidad, rediez, que al menos le pongan una zancadilla.


Y termina la guerra y en la calle me encuentro con un “amigo de toda la vida”, de los de la orla del cole en blanco y negro, toso de puro aburrimiento y me pregunta todo serio -oye tú- si no habré pillado el coronavirus ese de los chinos, a mí que me gusta tanto viajar, y se ríe el bobo.


Y el taxista que nos llevó a casa, con el futbol de la COPE y las ventanas cerradas a cal y canto, que un tipo 30 años sin ducharse en la cárcel de Sing Sing olía mejor.


Y llego a casa y el ascensor no funciona, y seis pisos de propina. Y no hay pan. Y me voy a la cama con un yogur desnatado y sin azúcar.


Ya no me relajo más.


O si lo intento lo haré leyendo a Paco Inclán, que en Dadas las circunstancias vuelve a narrarnos los avatares que sufre en sus viajes a lo largo y ancho del mundo, en este caso a la larga pero estrecha isla de Cuba. El escritor valenciano es un raro dotado de una insuperable curiosidad y un no menos insuperable sentido del humor.


Humor y sabiduría -y muchas otras cualidades- respira Theodor Kallifatides, nuestro flamante Premio Cálamo Extraordinario 2019 por su obra Otra vida por vivir. Galaxia Gutenberg aprovecha su visita para lanzar su nuevo libro, El asedio de Troya, traducido del sueco por Neila García: para evitar el terror de las bombas nazis, una joven maestra griega entretiene a sus alumnos contándoles las historias de la guerra de Troya.


En mensajes anteriores ya he recomendado el nuevo libro de Ricardo Menéndez Salmón, No entres dócilmente en esa noche quieta. Vuelvo a hacerlo: un memorable y emocionante ejercicio de memoria e introspección que solo está al alcance de un escritor de su valía, pocos como él. Leerlo te llevará hacia ti mismo, aunque no te guste. Gracias, amigo.



*La organización de los XIX Premios Cálamo me (nos) dejó agotado (s). En conjunto nos sentimos satisfechos, pero estamos muy apenados porque la sala del Edificio Caja Rural de Aragón en la que se celebró la gala de entrega se llenó rápidamente, de tal manera que muchos interesados y amigos no pudisteis entrar. La normativa de seguridad en los edificios públicos de nuestra ciudad es muy estricta, no pudimos hacer nada. Hay pocas salas en Zaragoza de gran capacidad, y menos que estén al alcance de nuestras posibilidades económicas. Os ruego que disculpéis las molestias y os prometo que el año que viene intentaremos evitar problemas similares. Gracias por la comprensión.


**1917 de Sam Mendes es una buena película bélica que destaca sobre todo, además de por su soberbia ambientación, por su realización, basada en un espectacular – pero falso- plano secuencia que no da respiro al espectador. Merece la pena.


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